domingo, 23 de diciembre de 2007

OREJITAS DE CORDERO



Este blog tiene alma de cocina, pero mi alma tiene, además de un gorro blanco y alto, un casco y un culotte de ciclista. Por eso cuando puedo compaginar ambas cosas, la cocina y la bici, encuentro una cierta sensación placentera en mi interior y por supuesto en mi cara que es su reflejo.
Este fin de semana ha llegado mi sobrino Pablo para pasar las Navidades con la familia. Lo esperé en Excaray y aunque llegó bastante tarde, después de hacerse 700 y pico de kms., le tenía preparada una cena reconfortadora. Más teniendo en cuenta que al día siguiente, si el tiempo lo permitía, nos daríamos un paseo en bici de montaña y ya se sabe que dar un paseo en Ezcaray supone apretarse los machos y no parar de subir en toda la mañana. De hecho, con un tiempo fresco, no demasiado frío, nos subimos al pico de "El Hombre" a 1550m., después de salir a 810, 12 kilómetros antes.
Iba a decir que aguantó bastante bien, pero tengo que confesar que el que aguanté fui yo. El me iba dando conversación y yo apenas le podía responder "Uf, uf, uf". Pero también es verdad que le paso más de 30 años y que simplemente poder llegar, para mí es una satisfacción enorme.
Pero a lo que iba es que el viernes por la tarde preparé una receta de OREJITAS DE CORDERO que puedo recomendaros y describiros paso a paso. Las comimos para cenar, después de una buena ensalada y un poco de fiambre. Y las regamos con un vino tinto italiano, cuyo nombre no recuerdo y que tiene una aguja marcadísima, hasta el punto de que parecía que estábamos bebiendo cava (no por el sabor, sino por la textura).
Las orejitas las compré bien limpias, pero aún así les dí dos hervores con un poco de vinagre y después de cada uno las lavé bien al chorro del grifo. Luego las puse en agua fría con media cebolla, una hoja de laurel, tomillo, romero, pimienta en grano, media rama de apio y una zanahoria, y sal. Las puse en olla a presión y estuvieron unos 12 minutos desde que silbaba el pitorro. Mientras rehogué otra media cebolla y dos ajitos muy laminados hasta que quedó bien pochada, a fuego muy lento; entonces añadí dos alegrías picantes y un puré de tomate natural casero y un chorrito de vino blanco. Además rallé sobre el tomate una galleta María, con lo que se reduce enormemente la acidez del tomate y le da una cierta consistencia a la salsa. Cuando habían pasado 10 minutos, fui colocando las orejitas bien repartidas y las dejé cinco minutos. Probé el guiso, que estaba un poco soso y lo ajusté de sal. Aún lo dejé otros diez minutos y apagué el fuego.
Mi querido sobrino, parecía que llegaba de la guerra, se sirvió un plato y después otro. Finalmente, como aún quedaban dos o tres orejitas, pensó que ¿para qué las iba a dejar? y se las acabó así como toda la salsa. Como ya se había acabado el pan hubo que sacar el de molde para el último "rebañe" de la salsa. En total, yo creo que se comió unas quince orejitas, y decía: Están buenísimas; y mucho más suaves que las de cerdo... Luego, un poco de postre, una buena charla y a la cama. Al día siguiente había que desgastar.
Es una receta que puede orientar a alguno, yo sólo las había comido rebozadas como pincho en los bares, y ni siquiera en internet he encontrado ninguna receta, así que ojalá os aproveche a alguno...

7 comentarios:

Joaquim dijo...

Las orejitas tienen una pinta de muerte, como la DiDonato y el Flórez cantando el dúo de La Cenerentola del 1er acto.
Bueno, bueno, este blog necesita su tiempo de cocción y eso, sabes tu mejor que nadie, que es esencial para el buen resultado final.
Yo me lo tomo a pequeñas dosis y si me lo permites lo enlazo en In Fernem Land, pero hasta que no me contestes, no muevo un dedo, no enciendo un fogón, vamos.
No me digas que con Pablo, mientras te daba una paliza de campeonato con la bici hablabais de “els bisbes”, de ser así ME PARTO.
Un abrazo

pjdfp dijo...

Buenas Víctor:
Siento no haber podido responder hasta ahora. Pero las vacaciones incluían fiesta de ordenador también. Agradecerte a tí haberme sacado a pasear en BTT y por carretera con la Pinarello de Manolo, que a pesar de los kilometros que debe de tener sigue andando... bueno: fenomenal, fenomenal.
No me acuerdo exactamente de que hablamos durante la subida pero seguro que arreglamos el mundo un par de veces, a lo mejor nos dió para dar un repaso a los bisbes y todo.
Por cierto: ¿que son las alegrías picantes?

Anónimo dijo...

Las alegrías riojanas son unas guindillas muy picantes que generalmente se asan como los pimientos y se guardan en conserva con aceite. En el caso de las orejitas, no usé alegrías sino cayenas secas que dan un resultado similar.

pjdfp dijo...

Ok, tomo nota.
Un abrazo!!

Anónimo dijo...

Lo mejor de Pablo, entre otras cosas, es que no tienes que recoger nada porque no deja un resto, es más se liquida todo, es de lo más agradecido y dá un gusto verle disfrutar y encia todo le sienta bien. Pablo, la próxima vez, ya que esta ha ido de orejitas, vamos a por los morritos, costillas etc...todo el animal....Un beso maras

pjdfp dijo...

jeje!!
Con razón mi apodo en la mesa suele ser el de aspirateur.
Cuando queráis vamos a por las costillitas, morritos etc.

Anónimo dijo...

como no había orejitas he comprado una de cerdo y voy a ver si la hago con la misma receta que es más facil que hacer una salsa bordelesa. besos pilita